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Ser Canal Reiki; Ser un Buen Canal Reiki

El maestro Mikao Usui tomó bajo su tutela a varios alumnos a quienes transmitió las enseñanzas Reiki. En aquel entonces, él entregaba manuales a sus alumnos, donde especificaba la división del Reiki en diferentes niveles: Shoden, Okuden y Shinpiden. Sin embargo, él no los transmitía como módulos separados, sino como grados que se alcanzaban con la práctica.

Años más tarde, el maestro Chujiro Hayashi, discípulo de Mikao Usui, continuó con la transmisión de las enseñanzas Reiki. Fundó una clínica en la cual atendía a 8 pacientes, con dos alumnos por paciente. Los alumnos empezaban en el primer grado luego de 3 meses de práctica en la clínica, lo que implicaba varias horas de trabajo a la semana. Después de cumplir estos tres meses, podían acceder al segundo nivel, para el cual requerían 9 meses de práctica. Solo aquellos que cumplían con este compromiso y práctica constante podían finalmente acceder al tercer grado, comprometiéndose por dos años más.

¿Por qué te contamos esto? Esta perspectiva es un buen ejemplo de la diferencia entre ser un canal Reiki y ser un buen canal Reiki.

Todos nacemos siendo canales Reiki, sin embargo, al menos aquí en Europa, a medida que nos hacemos adultos la mayoría de las personas olvidamos la capacidad de canalizar la energía Reiki de manera consciente. Vamos perdiendo la capacidad de canalización, nuestros sentidos sutiles se atrofian por no usarlos, dejamos de confiar en nuestra intuición y nuestro canal central se debilita.

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Cuando recibimos una iniciación Reiki, recuperamos esta capacidad de canalizar energía de manera consciente. Además, nuestro canal central se «limpia» y fortalece un poco más. A medida que recibimos más iniciaciones, nuestro canal se fortalece, se expande y adquiere una mayor capacidad para manejar un nivel más alto y potente de energía.

Ahora bien, si con una iniciación de tan solo unos minutos recuperamos la capacidad de ser un canal consciente, entonces ¿por qué se requieren meses de práctica Reiki?

Si bien la iniciación es importante, el trabajo en uno mismo y el entrenamiento de nuestras habilidades sutiles también lo son. Permíteme darte un ejemplo. Cuando vamos a la autoescuela, nos enseñan a conducir, con todo lo que eso implica. Necesitamos conocer de manera teórica cómo funciona un coche y cómo se circula en diferentes tipos de vías y las normas correspondientes: carretera, vía, autopista, señales, límites de velocidad, carriles, prohibiciones… Luego pasamos a la práctica, donde no solo aprendemos a arrancar y hacer andar un coche, sino que también nos enseñan a circular por diferentes tipos de vías para poder integrar la conducción en su totalidad y saber desenvolvernos en la carretera con el menor riesgo posible. Nos enseñan a estacionar, a circular por autopistas, por la ciudad, y así sucesivamente. En esa práctica, utilizamos todos los conocimientos teóricos y los integramos con la habilidad de tomar decisiones adecuadas en cada situación y la acción que debemos desempeñar con nuestro cuerpo para que el coche haga lo que hemos decidido.

Con Reiki, sucede algo similar. La iniciación podría ser como aprender a arrancar y hacer que el coche se mueva; pero también necesitamos conocimientos teóricos. Necesitamos saber cómo es la energía que canalizamos, qué hace, por qué y para qué canalizamos Reiki, qué sucede en nuestro cuerpo energético y en otros cuando recibimos Reiki, qué leyes y normas rigen el manejo de la energía, entre otros aspectos. Al igual que al conducir, necesitamos conocer las normas de circulación, ahora necesitamos conocer las leyes y normas que rigen el funcionamiento de la energía para saber qué hacer y cómo hacer las cosas, y por qué.

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Y, por supuesto, necesitamos practicar. Practicar para entrenar nuestros sentidos sutiles, que se han atrofiado después de tantos años sin utilizarlos (especialmente en nuestra cultura). Practicar para aprender nuestro propio y personal lenguaje energético, ya que no todos recibimos, percibimos y traducimos la energía de la misma manera. Practicar para saber qué hacer con la información que recibimos de la otra persona durante una sesión de Reiki. Practicar para que nuestro sistema energético se fortalezca y sea capaz de canalizar cada vez más energía. Practicar para interactuar con diferentes personas, animales, plantas o situaciones y saber cómo gestionar la sesión de la manera más adecuada. Y todo esto se obtiene mediante la integración de la teoría y la práctica continua.

Sin embargo, en el camino Reiki sucede algo que no ocurre cuando aprendemos a conducir, y es que en cuanto entramos en contacto con Reiki, éste comienza a reequilibrar nuestro organismo y, por lo tanto, se producen cambios en nosotros. Cambios físicos, cambios emocionales, cambios mentales y cambios energéticos. Estos cambios afectarán primero a nuestra mejora personal y gradualmente nos convertirán en un buen canal Reiki.

Entonces, ¿qué significa ser un buen canal Reiki?

Ser un buen canal Reiki implica, por un lado, tener un canal central y un sistema energético fuerte, capaz de manejar una gran cantidad de energía y esto se logra a través de una práctica constante.

Por otro lado, ser un buen canal significa ser un canal limpio, un puente entre la energía y el receptor de la energía. Esto significa que no debemos poner interferencias personales durante el proceso (interferencias físicas, emocionales, mentales o energéticas) ,y esto no es fácil. Debemos saber dejar a un lado el juicio, saber escuchar al receptor y a la energía, desapegarnos del resultado, respetar los ritmos, no dejarnos arrastrar por los procesos emocionales, entrenar y cultivar la compasión, entregarnos al proceso tal y como es, sin manipularlo, entre otros aspectos. Todo esto requiere un trabajo personal constante, un trabajo para avanzar hacia la coherencia y el servicio.

Para ayudarnos en este camino, el maestro Mikao Usui nos dejó una guía simple y profunda a través de los 5 principios de Reiki.

Los cinco principios de Reiki como camino de vida.