Entrar en Vacío
En este momento del año, la Tierra llega a un punto de vacío profundo. Después de haber exhalado todo a lo largo del ciclo, ahora descansa en ese espacio silencioso entre una respiración y la siguiente. Y nosotras, que formamos parte de la misma danza natural, también entramos en ese vacío.
A menudo, este vacío nos incomoda. La sociedad nos empuja a llenar cada segundo, a evitar el silencio, a escapar del espacio interno en el que no hay estímulos claros ni respuestas rápidas. Pero energéticamente, este instante tiene un propósito: es un umbral en el que nuestra consciencia se afina y podemos percibir con mayor claridad todo lo que se mueve dentro de nosotras.
Pero si permanecemos ahí, sin huir, permitiendo que ese ruido inicial se aquiete, comienzan a emerger emociones más profundas.
El silencio que amplifica el cuerpo
Cuando entramos en silencio, nuestro cuerpo físico cobra una presencia más nítida. Es como si, al apagar el ruido externo, cada célula pudiera por fin hablar. Podemos escuchar las demandas del cuerpo, sus necesidades reales, su ritmo. Si nos damos tiempo, podemos incluso recorrerlo órgano por órgano, observando cómo se siente cada uno, qué nos pide, qué necesita para sostenernos mejor.
Este tipo de escucha solo sucede cuando estamos verdaderamente presentes. No en la mente, sino en el sentir. Nuestro cuerpo es una puerta directa a esa presencia.
El cuerpo emocional descansa sobre el cuerpo físico
Nuestro cuerpo emocional está profundamente entrelazado con el cuerpo físico. Se apoya en él, descansa en él y encuentra ahí el espacio para expresarse. Por eso, cuando entramos en silencio y el cuerpo físico se vuelve más audible, el cuerpo emocional también se intensifica.
Las emociones que primero aparecen suelen ser las más ruidosas: el miedo al silencio, la inquietud, la sensación de no saber qué hacer con el vacío. Son como niñas pequeñas que patalean porque temen que no vayamos a atenderlas.
Algunas no nos revelarán nunca su origen, y no pasa nada. Solo necesitan ser sentidas, reconocidas, vividas, para poder liberarse. Otras, en cambio, quizá nos lleven de la mano hacia el cuerpo mental: creencias, patrones, recuerdos, estructuras que han sostenido formas de vivir que ya no nos sirven.
El silencio nos ofrece el espacio para ver todo esto con claridad.
La energía de Yule: el vacío fértil
Yule marca el inicio del renacimiento solar, pero antes de ese renacer hay un tiempo de profunda oscuridad, de quietud, de vacío fértil. No es un vacío muerto, sino un vacío lleno de potencial. Igual que la semilla reposa en la tierra oscura antes de brotar, nosotras reposamos en nuestro propio interior para permitir que lo nuevo pueda germinar.
Este vacío no se llena a la fuerza. Se habita.
Acompañarnos con Reiki en este tránsito
Este viaje hacia dentro puede sostenerse magníficamente con Reiki. En estos días de reconocimiento, Reiki nos ayuda a entrar en escucha, a suavizar lo que aparece, a acompañar sin juicio cada capa que emerge.
Un Honsha zeshonen puede guiarnos hacia la conexión profunda con nuestro interior, más allá del tiempo y del espacio. Un SeiHeki puede ayudarnos a abrazar las emociones que brotan, a equilibrarlas, a sostenerlas con suavidad.
Si te apetece explorar este momento con más conciencia, te recomendamos tener una libreta cerca. Anota lo que sientes, lo que intuyes, lo que emerge aunque no lo entiendas. Entra en la práctica con la mente abierta, sin expectativas. Hay cosas que quizás nunca comprenderás desde la mente y otras que quizás, con el tiempo, se irán integrando y tomando forma.
Este es un tiempo para escuchar, para sentir y para permitirnos estar en ese vacío que, aunque al principio asuste, contiene el germen de todo lo que está por nacer.