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Adviento significa esperar

Desde Samhain estás inmersa en una época incierta. A poco que te hayas parado a observar durante el último mes todo ha tomado un tono más gris. Han llegado el frío y la humedad. El color de la tierra se va volviendo cada vez más y más oscuro. En tu interior todo se ha revuelto. Has pasado por días en los que tus miedos más profundos han aflorado. Días en los que aquello que parecía fiable en tu vida se tambalea. Días en los que la frontera entre lo cierto e incierto se difumina. Días en los que tu propia sombra parece tomar el control.

Has entrado en la época oscura del año.

Al igual que cuando te introduces en una cueva, al principio todo es oscuridad. Tus ojos acostumbrados a la luz deben acomodarse a la nueva situación para poder captar de nuevo la ahora sutil claridad que habita en el interior de la tierra. Y así estas tú ahora, caminando a tientas en la oscuridad. Avanzando con paso lento y dubitativo sin conseguir ver aún el nuevo lugar en el que te encuentras. Y la oscuridad abre puertas que creíamos ya cerradas.

Sin embargo mientras caminas, una esperanza dentro de ti te empuja a continuar. La esperanza de que al final del camino, en la profundidad de la tierra hallarás de nuevo la luz. La esperanza del adviento.

La energía del Dios penetrará en la tierra. La energía del padre entrará profundo en el vientre de la madre dejando la semilla de consciencia que engendrará de nuevo la vida. Y tú te aferras a la esperanza mientras te preparas para reencontrarte de nuevo con la Luz.

Cuatro velas apagadas toman presencia en tu altar para recordarte que durante estas cuatro semanas de adviento la tierra va recibiendo la consciencia de cada uno de los reinos que la sostienen y la nutren, y tú como parte que eres de ella también.

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Comienza el adviento, llega el elemento agua puerta de la vida. El agua otorga al reino mineral el alma y surge así la primera consciencia en la tierra mientras tú te vas acompasando a ella y enciendes la primera vela. La segunda semana la tierra comienza a florecer y aparece la segunda consciencia, el reino vegetal, más flexible.

Enciendes la segunda vela y continúas transitando la oscuridad mientras esperas la llegada de la tercera semana. El tercer domingo de adviento te acercas de nuevo al altar y enciendes una vela más mientras recibes la llegada de la nueva consciencia que sostiene a la madre tierra, el reino animal. Todo va tomando forma y toma presencia en tu interior. Por último llega la cuarta semana que trae con ella la última consciencia en llegar a la tierra, la consciencia del ser humano. Enciendes la cuarta y última vela.

Y semana a semana esperas con ilusión y paciencia. La vida tiene sus tiempos y sus propios ritmos y así en comunión con ella te vas preparando para encender la vela del Espíritu y recibir de nueva la luz…

… La luz del Solsticio de Invierno.

 

Yule